El Papa León XIV: «Nuestro hambre de vida y de justicia encuentra alivio en la palabra de Jesús»

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En su homilía, el Santo Padre también hizo énfasis en la importancia de saber leer y entender las Sagradas Escrituras, teniendo como guía al Espíritu Santo.

En una misa a la que asistieron más de 15.000 personas, entre ellas altas personalidades del Gobierno y de la Iglesia, el Santo Padre compartió varias reflexiones con el pueblo de Dios, poniendo énfasis en aspectos clave como la confianza en Dios, la justicia y el entendimiento de las Escrituras.

«Leemos juntos la Escritura como un bien común de la Iglesia, teniendo como guía al Espíritu Santo, que inspiró su composición, y a la Tradición apostólica, que la ha custodiado y difundido por toda la tierra», explicó al recordar la historia del diácono Felipe. «También nosotros podemos comprender la Palabra de Dios gracias a una guía que nos acompaña en el camino de la fe, como lo fue el diácono Felipe», matizó.

El Pontífice sentenció que es Jesús quien, mediante su pasión, muerte y resurrección, redime al hombre del pecado y de la muerte. Él es el Verbo hecho carne, en quien encuentra cumplimiento toda palabra de Dios: revela su intención originaria, su sentido pleno y su fin último.

«Nuestro hambre de vida y de justicia encuentra alivio en las palabras de Jesús», afirmó. En otro momento de sus reflexiones, señaló que en el Hijo el Padre mismo muestra su gloria: Dios se hace ver, oír y tocar. A través de los gestos de Jesús, el Redentor da plenitud a lo que hace desde siempre: dar vida. Crea el mundo, lo salva y lo ama para siempre.

Jesús les recuerda a quienes lo escuchan un signo de esta providencia constante: «Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron» (v. 49).»Precisamente ahora, queridos amigos, mientras celebramos este sacramento de salvación, podemos exclamar con alegría: ‘¡Cristo lo es todo para nosotros!’. En Él encontramos plenitud de vida y de sentido: «Si estás oprimido por la injusticia, Él es la justicia; si tienes necesidad de ayuda, Él es la fuerza; si tienes miedo de la muerte, Él es la vida; si deseas el cielo, Él es el camino; si estás en las tinieblas, Él es la luz» (S. Ambrosio, De Virginitate, 16,99). Con la compañía del Señor, nuestros problemas no desaparecen, pero son iluminados: así como toda cruz encuentra redención en Jesús, así en el Evangelio la historia de nuestra vida encuentra sentido.

Por eso hoy cada uno de nosotros puede decir: «Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración, ni apartó de mí su misericordia» (Sal 66,20). Él siempre nos ama primero; su palabra es para nosotros Evangelio, y no tenemos nada mejor para anunciar al mundo», añadió.

Para finalizar, el Santo Padre sostuvo que esta evangelización nos involucra a todos, a partir del Bautismo, que es sacramento de fraternidad, baño de perdón y fuente de esperanza. A través de nuestro testimonio, el anuncio de la salvación se hace gesto, se hace servicio, se hace perdón; en una palabra, se hace Iglesia.

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